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Es lo menos que puedo decir. Tanto las elecciones autonómicas como las generales han arrojado un mismo vencedor: el PSOE.

Me habrán escuchado afirmar durante toda la campaña que lo que decidiesen en las urnas democráticamente y en libertad los ciudadanos y ciudadanas estaría bien.

Pero antes de nada quisiera resaltar el valor de la respuesta cívica y democrática de la ciudadanía. Ha sido ejemplar. Los días previos a esta doble cita con las urnas han sido difíciles. La voz de la democracia ha resonado fuerte y claro frente a los violentos. Andalucía ha vuelto a estar a la altura.

Los andaluces y andaluzas han confiado mayoritariamente en el PSOE de Andalucía y han contribuido de forma decisiva a la victoria de Zapatero en Madrid. El PSOE ha ganado las elecciones. Es un hecho incontestable.

A partir de mañana, como hasta ahora, voy a seguir trabajando para hacer realidad el ambicioso proyecto de modernización de Andalucía que tenemos entre manos hasta situar a nuestra tierra entre las regiones más punteras de nuestro entorno. Y para ello, vamos a contar con un aliado excepcional, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero.

Termino como empezaba: gracias Andalucía; gracias España. No os vamos a defraudar.

Lo último que quisiera escribir hoy son estas palabras, pero los hechos obligan. Ya lo he dicho hace unos minutos en una comparencia ante los medios como presidente de la Junta y ahora quiero repetirlo aquí. Ante el atentado vil y cobarde de esta mañana contra el militante socialista de Mondragón Isaías Carrasco, no puedo más que expresar mi más firme y rotunda condena.

En primer lugar, quiero expresar mi condolencia, mi más sentido pésame a la familia y transmitir mi comprensión y mi abrazo de afecto a mis compañeros socialistas del País Vasco, que nuevamente han recibido el zarpazo del terrorismo.

Se trata de un asesinato perpetrado por ETA a solo unas horas de unas elecciones. Es la forma sórdida y mezquina que tiene de interferir en campaña electoral, apenas unos días después de haber pedido la abstención. 

En consecuencia, la mejor respuesta que pude dar la sociedad es una participación masiva en las urnas y el mejor ejemplo de las fuerzas democráticas es su unidad sin fisuras y unánime contra la sinrazón, la crueldad y el totalitarismo de los asesinos. Sólo así se fortalece la democracia frente a la barbarie despreciable de los terroristas.

Hoy ETA ha matado a un trabajador, en el portal de su casa, cuando salía junto a su mujer y su hija camino de su puesto de trabajo como cobrador en un peaje de autopista. No se puede ser más inhumano y ruin.

Debemos estar unidos. Como padre, como presidente de la Junta de Andalucía y como ciudadano quería dejar aquí  la expresión de mi más rotundo rechazo frente a la actitud deleznable de los terroristas y mantener mi esperanza de que van a ser derrotados gracias a la unidad de todos.

 

La caravana del PSOE de Andalucía amanece en Córdoba, donde he tenido esta mañana un mitin junto al secretario general de mi partido y candidato a la Presidencia del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Ha sido un acto emocionante, especialmente volcado en resaltar la labor realizada durante muchos años por nuestros mayores. La modernización que ha experimentado Andalucía no sería posible sin el esfuerzo y el trabajo de muchos hombres y mujeres que han dado lo mejor de sí mismos y que han confiado siempre en las posibilidades de nuestra tierra. Es justo reconocerlo.

Sin duda, en los últimos años Andalucía ha recibido un impulso decisivo para la puesta en marcha o la culminación de grandes proyectos que no serían una realidad sin el apoyo y el respaldo de Rodríguez Zapatero.

Zapatero ha creído y querido a Andalucía. Una tierra que, con su sentido de Estado y su aportación al conjunto del país,  ha dado ejemplo de progreso, de solidaridad y de modernidad.

Para mí, tienen una significación especial, porque expresan y resumen el compromiso y la lealtad con la comunidad andaluza,  las palabras con que ha sintetizado Zapatero esta mañana su cariño y su sensibilidad con nuestra tierra: Andalucía, la primera.

Ése es el objetivo que compartimos Zapatero y yo: que Andalucía siga siendo la primera en creación de empleo, en convergencia, en crecimiento económico, en la puesta en marcha de políticas sociales pioneras, etc. Un horizonte que ha contado estos últimos cuatro años con la colaboración de un gobierno que no ha despreciado a los andaluces, como hizo Aznar y el PP. El PP lo sigue haciendo, no desde el gobierno sino desde los insultos.

Antes de salir para Huelva, donde esta tarde tengo otro acto público que cierra la agenda del penúltimo día de campaña, quería dejar constancia de estas impresiones.  

95.000 niños y niñas cursan con normalidad en Andalucía la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La Junta, como no puede ser de otra manera, se ha limitado a aplicar una ley orgánica aprobada en la sede de la soberanía de todos los españoles y españolas, Las Cortes Generales. 

Una asignatura que, por otra parte, pretende enseñar en nuestros colegios los valores de la paz, la convivencia y la tolerancia, es decir, los valores constitucionales.

Ayer conocimos una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que contraviene dos sentencias precedentes de los tribunales superiores de Cataluña y Asturias y que admite la objeción de conciencia en relación con esta asignatura tras la denuncia legítima presentada en su día por unos padres. En todo caso, corresponderá al Tribunal Supremo poner en orden esta situación y unificar la doctrina.

Esta sentencia afecta a un solo alumno. Sólo el 0,4% de los padres y madres plantearon la objeción en nuestra comunidad, aunque la inmensa mayoría  decidieron luego cursar la asignatura sin más problemas. Ésos son los datos. Nunca es bueno generalizar, y menos en este caso.

Sorprende, por otra parte, que el PP muestre tantos afanes en defender la Constitución y, cuando llega la hora de la verdad, trata a cuatro días de las elecciones de sacar tajada electoral de esta sentencia y se niega a que los estudiantes conozcan desde temprana edad los valores constitucionales.

Mis convicciones democráticas me llevan siempre a respetar todas las sentencias judiciales, aunque en este caso no la comparta. Desde la Junta de Andalucía hemos anunciado ya nuestra intención de recurrirla. 

Tras recorrer en los últimos dos días las provincias de Málaga, Granada y Almería, hoy vamos camino de Jaén para proseguir con una intensa campaña electoral que acomete ya su recta final. En cada una de mis intervenciones, como hago siempre, haré un hincapié especial en la necesidad de defender los valores de nuestra Constitución y de fortalecer la democracia con la participación en las urnas el próximo domingo.

Ganó el mejor

Foto segundo debate Zapatero-Rajoy 

No hubo sorpresas, ganó el mejor. Zapatero, 2; Rajoy, 0. Ése ha sido el resultado de los dos debates entre los candidatos de PSOE y PP a la Presidencia del Gobierno de España celebrados en esta campaña electoral.

En el de ayer, la victoria de Zapatero fue incontestable. No lo digo yo, lo afirman todas las encuestas y todos los medios de comunicación.

Sinceramente, creo que Zapatero estuvo más sereno, más concreto, más cercano y más convincente. No  afrontó el debate con el espejo retrovisor puesto, miró al futuro y desgranó un extenso paquete de propuestas en cada uno de los temas abordados.

En cambio, Rajoy volvió a cometer los mismos errores del otro día. Se refugio en las tablas de la inmigración, del debate territorial y del terrorismo. Quiso mermar la enorme ventaja que en credibilidad le saca Zapatero en todas las encuestas con el pertinaz argumento de la mentira. Además, tuvo la incoherencia incluso de introducir el tema de la guerra de Irak y de acusar a Rodríguez Zapatero de engañar a los españoles en este terreno, cosa que nadie cree y que, en lugar de ocultar todos los fracasos y toda la estrategia del engaño masivo del PP durante los últimos años como pretendía, la desnuda y la pone de relieve.

Pero lo peor fue su empeño de repetir el debate, con los mismos temas y las mismas acusaciones. No aportó nada nuevo. No puede ser alternativa quien carece de propuestas. Éste fue su principal error. La niña de Rajoy no sabe qué le propone Rajoy. Se limitó a hablar del pasado. Tiene tan interiorizado su rol de jefe de la oposición que asumió este nuevo reto ante las cámaras como un debate sobre el Estado de la Nación, cuando era otra cosa.

La agresividad de Rajoy tropezó en todo momento con la serenidad de Zapatero. El candidato socialista aprovechó la oportunidad para explicar su programa de gobierno y para decirle a la ciudadanía qué piensa hacer durante los próximos cuatro años si vuelve a obtener la confianza de la mayoría de los españoles y españolas.

Aún así, la gran diferencia, la que distingue a la derecha que representa Rajoy de la izquierda moderna y progresista que lidera Zapatero, pudo evidenciarse en la intervención final. Rajoy terminó su discurso afirmando que la economía es todo (no es de extrañar, con Manuel Pizarro como fichaje estrella y asesor), mientras Zapatero habló de igualdad de oportunidades y  diversidad y concluyó afirmando que gobernará para todos y respetando a todos.

Supongo que los ciudadanos habrán tomado nota de estos dos debates. Han sido más de 12 millones de personas frente al televisor. Un ejemplo que fortalece a la democracia y que debe constituir un anticipo para una buena participación el próximo domingo.

Juego limpio

 

El cara a cara que mantuve anoche en la televisión pública andaluza con el candidato del principal partido de la oposición fue mucho más que un alto en el camino de la campaña electoral. Miles de andaluces y andaluzas tuvieron ocasión de comprobar cuáles son las prioridades de gobierno que nos diferencian y qué forma de hacer política tenemos unos y otros. Salí satisfecho porque aproveché la ocasión para explicar el proyecto que los socialistas tenemos para Andalucía y porque la ciudadanía conoció buena parte de las propuestas que llevamos en nuestro programa.

El debate no decepcionó. Estuvo a la altura. Fue tenso, duro y vibrante. Puso de manifesto la endeblez de los argumentos motrices del PP en boca de su candidato. El manido recurso dialéctico del régimen y de la falta de libertad de expresión se deshilacha con una crudeza impepinable sólo con mirar la atestada sala de prensa con decenas de periodistas que cubrían el debate y que ejercen su labor libremente, sin que nadie intervenga en absoluto sobre el sentido de sus informaciones.

Qué razón llevaba Andreotti cuando afirmaba que “el poder desgasta a quien no lo tiene”. Es lo que le pasa a Javier Arenas, que ha perdido dos veces y, al ir tan atrás en las encuestas, salió desorbitado al querer aprovechar sin cuartel la oportunidad. Se pasó de frenada, apostó por argumentos que desbarran en la esfera de lo personal y, lógicamente, se equivocó.

Desde el minuto uno del debate me centré en explicar las propuestas del PSOE para seguir transformando y modernizando nuestra tierra y tuve que esforzarme, además, en anular la invitación al juego sucio y al golpe bajo que trató de esgrimir mi rival.

El de anoche fue un debate andaluz. Las elecciones autonómicas tienen su espacio. Eso no puede negarlo nadie. El dato de audiencia es aplastante al respecto: fue seguido por 781.000 andaluces y andaluzas, con un 21,5% de cuota de pantalla y una audiencia acumulada durante su emisión de 1.794.000 telespectadores. 

Debatir en televisión y en prime time supone una excelente oportunidad para que la ciudadanía conozca las propuestas de cada uno. Ahora sólo queda esperar a la decisión soberana de los andaluces y andaluzas en las urnas y saber quién recibe la confianza para gobernar y quién debe permanecer cuatro años en los escaños de la oposición. Así de sencillo.

 

Un debate entre los candidatos de los principales partidos que se miden en las elecciones autonómicas del próximo nueve de marzo debe tener a la radio y la tele pública andaluza como escenario. Es una cuestión básica de servicio público, ningún otro operador tiene el nivel de cobertura en nuestra comunidad y sus índices de audiencia constituyen, además, un buen argumento para el acierto de la elección.

El despliegue informativo de la radiotelevisión andaluza para la cobertura de las elecciones autonómicas y generales en Andalucía requiere de un esfuerzo especial y costoso que sólo es capaz de acometer un medio público.

Sin embargo, en vísperas de los dos debates que he mantenido en la última semana con los líderes de la oposición se han vertido con insistencia acusaciones que ponían en duda la neutralidad de los profesionales de la RTVA. No es así. Es injusto. No hay motivo.

La profesionalidad de técnicos e informadores ha quedado fuera de toda sospecha con sólo observar la pulcritud, el rigor y la imparcialidad de la emisión de los debates celebrados.

En otras televisiones públicas autonómicas no existe siquiera la posibilidad de debatir. La dialéctica y el intercambio de opiniones han sido vetados como resultado de un blindaje informativo poco enriquecedor para la democracia. Deberían tomar nota.

Es lógica, por lo tanto, la conveniencia de situar el debate público en la radio y la televisión públicas. Es lo que hemos hecho en Andalucía para que el mayor número de ciudadanos y ciudadanas pueda confrontar las opiniones y propuestas y acuda a las urnas en consecuencia.

Ni una ofensa más

 

El mayor orgullo que he tenido durante mi trayectoria política ha sido representar y defender a los andaluces y andaluzas cada vez que me han elegido presidente de la Junta. No hay responsabilidad superior ni más emocionante.

He tratado siempre de que nuestra tierra tuviera el sitio que se merece y dispusiera de un peso político propio en el contexto del Estado de las Autonomías.

Honestamente, creo que lo hemos conseguido, aunque partíamos de muy atrás. La profunda modernización que ha experimentado Andalucía en los últimos veinticinco años ha sido el resultado de un esfuerzo colectivo que ha dinamitado todos los tópicos y nos ha devuelto la autoestima.

Además, la visión de Estado que aportamos desde Andalucía en la reforma de nuestro Estatuto evidenció el espacio y el respeto que se ha ganado a pulso nuestra tierra.  La conquista de un texto estatutario plenamente constitucional y de máximos es la respuesta justa a nuestras legítimas aspiraciones como pueblo, es decir, ser como el que más.

Sin embargo, desde esa derecha rancia y ultraconservadora que nunca creyó en Andalucía y nunca hizo nada por nuestra tierra se siguen lanzando mensajes ofensivos contra la dignidad de los andaluces y andaluzas. Si hace unas semanas el gran fichaje del PP para estas elecciones, Manuel Pizarro, repetía el argumento falso y demagógico de que somos una tierra subsidiada, ignorando a sabiendas que somos la comunidad autónoma que más crece, que converge a más velocidad y que genera más empleo, ahora ha sido la número tres al Congreso por Madrid en las filas populares, Ana Mato, quien se ha descolgado con la sentencia inaceptable de que “los niños andaluces son prácticamente analfabetos”.

Está claro que la derecha lleva el antiandalucismo en sus genes y que ni conoce Andalucía ni reconoce el esfuerzo que hemos hecho para llegar a las cotas de modernización y de universalización de derechos y servicios públicos que hoy tenemos. Esta afirmación, anclada en el estereotipo cañí más incierto y difamente, no ha encontrado ninguna respuesta de desaprobación por parte de Arenas y de sus compañeros de partido andaluces. Una complicidad llamativa y un silencio de una sonoridad aplastante que refleja a las claras quien está del lado de Andalucía y quienes no mueven un músculo cuando nuestra dignidad es pisoteada.

La comunidad educativa en pleno ha salido al paso contra unas declaraciones difamantes que, paradójicamente, no han encontrado oposición en el propio PP andaluz.

Voy a seguir trabajando por los andaluces y andaluzas si me dan de nuevo su confianza el próximo nueve de marzo y no permitiré nunca agravios y descalificaciones de este calibre, provengan de donde provengan. No consentiré ni una ofensa. Me pondré, como siempre, del lado de los andaluces y frente a aquellos que nos agreden con sus afirmaciones estereotipadas, dañinas, insidiosas y decimonónicas.

Dos modelos

Esta noche acudiré al debate en Canal Sur TV con el candidato del principal partido de la oposición con la tranquilidad que da la gestión realizada a lo largo de los últimos cuatro años desde la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Los socialistas hemos cumplido el programa electoral de 2004 y, ahora, tenemos una nueva hoja de ruta para la próxima legislatura con la que pretendemos impulsar un proyecto para Andalucía que nos permita estar entre las regiones más punteras y avanzadas de nuestro entorno europeo en los próximos años.

Por mi parte, será un debate limpio y me centraré en explicar las propuestas de futuro que tenemos los socialistas para seguir modernizando nuestra tierra, para que Andalucía sea un lugar de oportunidades, para conseguir la plena igualdad entre hombres y mujeres, para continuar apostando por la investigación y las nuevas tecnologías, para conseguir, una vez universalizados, la calidad y la excelencia de nuestros sistemas públicos de educación y salud. Una Andalucía moderna que mira hacia adelante, que reconoce nuevos derechos y los amplía, que crece por encima de la media, que apuesta por el desarrollo sostenible y en donde es posible vivir con dignidad.

No voy a entrar en insultos, como tampoco voy a consentir que se insulte a nuestra tierra. Estoy convencido de que el debate de esta noche, además de desmoronar por completo las voces de quienes afirman que las elecciones autonómicas no disponen de un espacio propio donde discutir temas, propuestas y argumentos exclusivamente andaluces, será una ocasión para contraponer dos modelos bien distintos de sociedad. El de la derecha, que mira hacia atrás y plantea recortes sociales, y el del PSOE, que tengo el orgullo de representar y defender, que mira hacia adelante y que está lleno de propuestas de futuro.

En definitiva, un debate limpio, respetuoso y sereno que permita a los andaluces y andaluzas tener más elementos de juicio para acudir a las urnas el próximo nueve de marzo.

Defender la alegría

Paseo por La Carolina

Nunca el título de una canción vino tan bien y se ajusta tanto a la realidad. Esta mañana he recorrido las calles del municipio jienense de La Carolina junto a su alcaldesa, mi compañera de partido Mª Ángeles Férriz, que ganó las municipales del pasado mes de mayo.

He tenido ocasión de saludar a un buen número de ciudadanos y ciudadanas de todas las edades con los que he compartido unos instantes de conversación a lo largo del paseo que he realizado y a los que me acerqué para saber de sus observaciones y puntos de vista.

Nada que ver con la experiencia vivida hace cuatro años cuando visité este mismo municipio en la campaña de las autonómicas de 2004.  La noche y el día. Entonces, sus calles vacías eran el testimonio palpable de la situación mustia y apagada en que había colocado el pueblo su anterior alcalde, Ramón Palacios.

Esta mañana me recibió una población bien distinta, diametralmente opuesta, con sus calles llenas de gentes, sin la sombra que proyectaba el anterior regidor.

La Carolina, hoy, es una municipio más vivo, más dinámico, más alegre.

Se cumple al ciento por ciento el título de la canción con la que una nutrida representación de artistas y de gente de la cultura ha querido apoyar la candidatura a la Presidencia del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Los socialistas hemos defendido la alegría y, donde tenemos opción de desarrollar nuestras políticas, ponemos en marcha una forma de gobernar que nada tiene que ver con la crispación y el catastrofismo de la derecha.

El caso de La Carolina es, sin duda, un ejemplo paradigmático.

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