Ni una ofensa más
02 Marzo 2008 por manuelchaves
El mayor orgullo que he tenido durante mi trayectoria política ha sido representar y defender a los andaluces y andaluzas cada vez que me han elegido presidente de la Junta. No hay responsabilidad superior ni más emocionante.
He tratado siempre de que nuestra tierra tuviera el sitio que se merece y dispusiera de un peso político propio en el contexto del Estado de las Autonomías.
Honestamente, creo que lo hemos conseguido, aunque partíamos de muy atrás. La profunda modernización que ha experimentado Andalucía en los últimos veinticinco años ha sido el resultado de un esfuerzo colectivo que ha dinamitado todos los tópicos y nos ha devuelto la autoestima.
Además, la visión de Estado que aportamos desde Andalucía en la reforma de nuestro Estatuto evidenció el espacio y el respeto que se ha ganado a pulso nuestra tierra. La conquista de un texto estatutario plenamente constitucional y de máximos es la respuesta justa a nuestras legítimas aspiraciones como pueblo, es decir, ser como el que más.
Sin embargo, desde esa derecha rancia y ultraconservadora que nunca creyó en Andalucía y nunca hizo nada por nuestra tierra se siguen lanzando mensajes ofensivos contra la dignidad de los andaluces y andaluzas. Si hace unas semanas el gran fichaje del PP para estas elecciones, Manuel Pizarro, repetía el argumento falso y demagógico de que somos una tierra subsidiada, ignorando a sabiendas que somos la comunidad autónoma que más crece, que converge a más velocidad y que genera más empleo, ahora ha sido la número tres al Congreso por Madrid en las filas populares, Ana Mato, quien se ha descolgado con la sentencia inaceptable de que “los niños andaluces son prácticamente analfabetos”.
Está claro que la derecha lleva el antiandalucismo en sus genes y que ni conoce Andalucía ni reconoce el esfuerzo que hemos hecho para llegar a las cotas de modernización y de universalización de derechos y servicios públicos que hoy tenemos. Esta afirmación, anclada en el estereotipo cañí más incierto y difamente, no ha encontrado ninguna respuesta de desaprobación por parte de Arenas y de sus compañeros de partido andaluces. Una complicidad llamativa y un silencio de una sonoridad aplastante que refleja a las claras quien está del lado de Andalucía y quienes no mueven un músculo cuando nuestra dignidad es pisoteada.
La comunidad educativa en pleno ha salido al paso contra unas declaraciones difamantes que, paradójicamente, no han encontrado oposición en el propio PP andaluz.
Voy a seguir trabajando por los andaluces y andaluzas si me dan de nuevo su confianza el próximo nueve de marzo y no permitiré nunca agravios y descalificaciones de este calibre, provengan de donde provengan. No consentiré ni una ofensa. Me pondré, como siempre, del lado de los andaluces y frente a aquellos que nos agreden con sus afirmaciones estereotipadas, dañinas, insidiosas y decimonónicas.
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